EL DIBUJO RUPESTRE EN CUBA: ACERCA DE SUS ANTECEDENTES HISTÓRICOS; SU ESTUDIO E INVESTIGACIÓN

Abilio González González (Investigador)
Reinaldo Guerrero Guerrero
Miembro Ordinario de la Sociedad Espeleológica de Cuba

La antigüedad de las referencias del registro gráfico rupestre de Cuba se remonta a fecha tan temprana como 1839; momento en que las referencias a este legado cultural tan importante se hacen más frecuentes.

En el siglo XIX, siete de las 12 citas publicadas en el período se realizan por autores del país, y entre ellas, seis hacen referencias directas a los dibujos rupestres en dos cuevas de la Sierra de Cubitas en la provincia de Camagüey: cuevas de Seña Teresa o María Teresa, y cueva del Indio o Grande, y la sexta describe las pictografías de una cueva de Banes, provincia de Holguín, que desde entonces no ha podido ser reubicada.

Las otras cinco citas aparecen en libros y revistas especializadas en los temas arqueológicos y antropológicos, por investigadores extranjeros pertenecientes a instituciones prestigiosas de Francia, España y Estados Unidos.

En 1847, un grupo de jóvenes –sin que se conozcan sus nombres–, realiza un recorrido por tres cuevas de la Sierra de Cubitas, volviendo a referenciar de una forma muy vaga, las pictografías aborígenes; este recorrido se publicó en 1887, en una compilación realizada por José Ramón Betancourt.

Sin lugar a dudas, fueron las cuevas de esta sierra las más mencionadas del siglo XIX, al volver a ser noticia en 1889, cuando en Camagüey se dio a conocer el “Viaje pintoresco por el interior de Cuba y sus costas”, del sacerdote escolapio Antonio Perpiña.

Al iniciarse el siglo XX, época de grandes eventos en la vida política del país, y de descubrimientos científicos mundiales, en 1903, el investigador norteamericano Joseph Walter Fewkes, del Smithsonian Institution, visitó Cuba e Isla de Pinos, y comentó la existencia de pictografías en un artículo.

En 1910, se publicó A través de Cuba, relatos geográficos, descriptivos y económicos, del viajero y miembro de la SociedadGeográfica de París, Charles Berchon, quien refiere una cueva con numerosos dibujos indígenas en la región de Punta del Este, Isla de Pinos, actual Isla de la Juventud.

Durante 1916, el arqueólogo norteamericano Mark R. Harrington, siguiendo los pasos a sus predecesores Culin, Holmes, Powell, De Booy y Fewkes, concluía su estancia en nuestro país recorriendo el extremo de Maisí, en la otrora provincia de Oriente; allí se vio reconfortado con el descubrimiento de la cueva del Agua, los Bichos o Patana, donde localiza un relevante conjunto de petroglifos aborígenes en un manto de calcita, así como el Gran Semí, esculpido en una gran estalagmita y que hoy lamentablemente se conserva en las bóvedas del Smithsonian Institution en Nueva York; de este trascendental acontecimiento no apareció nada publicado en la prensa local, y solo dos años más tarde se conoció el hecho mediante la obra de Harrington Cuba before Colón, en su edición en inglés.

Corría 1918 cuando se publicó por vez primera en un trabajo científico nacional Cuatro años en la Ciénaga de Zapata, de Juan Antonio Cosculluela.

Un momento trascendental en los estudios del arte rupestre cubano tuvo lugar cuando en 1922 es reubicada por el eminente investigador cubano don Fernando Ortiz, la gruta de Punta del Este, relatada por Berchon en 1903; las investigaciones realizadas por Ortiz, y las definiciones establecidas por él, despertaron el interés de un grupo de especialistas del Museo Antropológico “Montané” de la Universidad de La Habana, y los miembros del grupo arqueológico Guamá, todos pertenecientes a la Comisión Nacional de Arqueología.

A lo largo de 1930, aparecieron en la prensa plana algunas noticias vinculadas a los descubrimientos de petroglifos en una gruta de la región de Samá, en Holguín.

Entre 1938 y 1942, el prestigioso miembro de la Comisión Nacional de Arqueología en Holguín, José A. García Castañeda, publicó en las notas de la colección García Feria, acerca de la compra de un ídolo procedente de la cueva de Waldo Mesa, en Banes, Holguín.
Mientras tanto, Fernando Ortiz concluyó sus reflexiones y análisis sobre los enigmáticos dibujos de Punta del Este en su destacada obra Las cuatro culturas indias de Cuba, que vio la luz en 1943, con un capítulo que denominó “Las culturas indias de Isla de Pinos”; en esta, como en toda su obra, realizó un minucioso estudio de los dibujos, que constituyó por mucho tiempo una inestimable monografía, pues trascienden el tono comparativo y descriptivo de los tres artículos anteriores escritos por el doctor Herrera Fritot.

A este empeño de los estudiosos de nuestras culturas aborígenes se unieron un poco más tarde, los miembros de la Sociedad Espeleológica de Cuba, que fundada en 1940 imprime un destacado impulso a los estudios rupestres cubanos, con los numerosos aportes de estaciones descubiertas a lo largo de todo el país.

En las décadas del 30 y el 50, se publicó una amplia gama de artículos dedicados a la temática que marcan el inicio del compromiso académico con el relevante patrimonio rupestrológico nacional, encontrándose los mismos en diarios y revistas especializadas y divulgativas, como: Carteles, Luz, Isla, y la Revista de Arqueología y Etnología, así como las publicaciones del Boletín de la Biblioteca Nacional.

Entre los más destacados y consagrados a los estudios rupestrológicos cubanos se encuentran los doctores Salvador Massip, José A. García Castañeda, Fernando Ortiz Fernández, René Herrera Fritot, Antonio Núñez Jiménez, y Manuel Rivero de la Calle, entre otros.

Sin lugar a dudas el período comprendido entre 1960-80 resultó muy productivo, y la especialidad estuvo privilegiada por la pluma de los investigadores y especialistas nacionales con la mayor cantidad de trabajos publicados hasta ese momento; es así que aparecen varias monografías en las cuales se le dedican al arte rupestre tópicos o capítulos que por su importancia, son reflejos directos de la cultura y la ideología de los grupos que las ejecutaron.

Entre ellas merecen destacarse “Prehistoria de Cuba” (1965), y “Las culturas aborígenes de Cuba” (1966), de los autores Ernesto Tabío Palma y Estrella Rey Betancourt, y Manuel Rivero de la Calle, respectivamente.

El doctor Antonio Núñez Jiménez, –cuarto descubridor de Cuba–, con su libro Cuba: dibujos rupestres, realizó el mayor esfuerzo por recopilar y divulgar la información del arte rupestre conocida hasta el momento que consistente en 48 estaciones, de las cuales se tenían noticias de forma aislada, a través de un sinnúmero de publicaciones de diversa índole; también compiló una importante muestra de pictografías y calcos de las pictografías y petroglifos, muchos de los cuales por primera vez eran conocidos por especialistas y pueblo en general, por lo que es considerado como un clásico indispensable para la investigación.

El doctor José Manuel Guarch del Monte, otra personalidad del ámbito académico nacional que ha dedicado esfuerzos a la investigación de los dibujos rupestres, ha realizado grandes esfuerzos y aportes desde el punto de vista teórico-metodológico de estos estudios; su título Arqueología de Cuba. Métodos y sistemas (1987), incluye gran parte de su fecundo trabajo.

Otros artículos que han visto la luz producidos por autores no menos importantes y que merecen mencionarse son: “Descubrimiento de nuevas pictografías realizados en el paísW, de Manuel Rivero de la Calle (1961); “El arte abstracto de los aborígenes preagroalfareros cubanos”, de Gerardo Mosquera (1980); “Acerca de las experiencias obtenidas en las restauraciones de las localidades pictóricas Cueva No. 1 de Punta del Este y Cueva de Ambrosio”, de Caridad Rodríguez Cullel y José M. Guarch Delmonte (1980); “La cultura de los círculos concéntricos: cómputo aborigen”, de Martín Socarrás Matos (1985); “Hipótesis sobre una nueva región del arte rupestre en Cuba”, de Francisco Escobar Guío y Juan J. Guarch Rodríguez (1989); “Tendencias en los estudios de arte rupestre de Cuba: Retrospectiva crítica”, de Gabino La Rosa Corso (1994).

Durante los últimos veinte años un reducido grupo de investigadores ha venido realizando un importante papel y ha crecido el número de reportes; de esa última horneada emerge el 90 % de los especialistas que de una u otra forma le han dedicado muchas horas a la exploración e investigación del arte rupestre del archipiélago cubano, que ha permitido el censo de 246 estaciones.

En este período aparecen importantes colaboraciones de Jorge Calvera Roses, Roberto Funes Funes, Racso Fernández Ortega, José González Tendero, Divaldo Gutiérrez Calvache, Alejandro Romero Emperador, y Reinaldo Guerrero Guerrero,1 entre otros.

Entre las monografías escritas a lo largo de estos últimos cincuenta años, dedicadas exclusivamente a las artes del dibujo rupestre en Cuba, podemos citar: “Cuevas y pictografías, Caguanes pictórico”, “Cuba: dibujos rupestres”, “El arte rupestre cubano y su comparación con otras áreas de América”, todos de Antonio Núñez Jiménez; “Arqueología de Cuba. Métodos y sistemas”, de José M. Guarch Delmonte; “Arte rupestre. Petroglifos cubanos”, de Juan J. Guarch Rodríguez y Lourdes del R. Pérez; “Quiénes hicieron los dibujos en las cuevas”, de Víctor Cué Villate y Racso Fernández Ortega.2

A partir del año 2000 se agrupan un grupo de estudiosos miembros de la Sociedad Espeleológica de Cuba, alrededor del proyecto “Cuba: dibujos rupestres”, con el objetivo de actualizar la magna obra de 1975 realizada por el doctor Antonio Núñez Jiménez, siendo este proyecto el embrión del actual Grupo Cubano de Investigaciones del Arte Rupestre (GCIAR), que se fundó oficialmente en el año 2006, adscrito al Instituto Cubano de Antropología del Ministerio de Ciencia, Tecnología y Medio Ambiente (CITMA), el cual reúne a más de 20 estudiosos de todas las provincias del país.

Entre los objetivos más importantes del GCIAR, se encuentran los de desarrollar y ejecutar investigaciones científicas de carácter arqueológico, antropológico, patrimonial, cultural, historiográficas y de cualquier otro tipo vinculados al arte rupestre cubano.3

 

1- En Pinar del Río se han destacado Hilario Carmenate Rodríguez y Enrique Alonso Alonso (Nota del director de El Explorador)
2- Al respecto falta incluir un gran número de aportes realizados en diversas publicaciones seriadas, en papel y digital, y referadas de diversos especialistas, donde destacan trabajos de Divaldo A Gutiérrez Calvache, Racso Fernández Ortega, José B. González Tendero e Hilario Carmenate Rodríguez entre los autores que más han publicado al respecto (Nota del Director del Periódico El Explorador).
3- De este colectivo de autores encabezados por Divaldo A Gutiérrez Calvache, Racso Fernández Ortega y José B. González Tendero y que agrupa a más de 23 especialistas se publicó en el 2009: Arte rupestre cubano Obra Cartográfica de actualización y profundización del estudio de la especialidad en el país (Nota del Director del Periódico El Explorador)